Fabián Forte: «Aún hay mucho prejuicio con el cine de género, pero el nicho se está abriendo»

Fabián Forte, en acción

Fabián Forte, en acción

Fabián Forte, director de «Cosa e’ mandinga», filme de terror cruzado por el chamanismo que se terminó de rodar con protocolos en Misiones a fines de 2020, aseguró que si bien todavía «existe mucho prejuicio» con el cine de género, «el nicho se está abriendo y desde el Incaa le están dando más lugar».

«Hay mucho talento, muy buenas ideas, pero el esfuerzo a veces queda trunco por cuestiones presupuestarias y, por lo general, no están a la altura de producciones extranjeras», resaltó Forte, director de «Mala Carne», «La corporación» y «El muerto cuenta su historia», entre otras películas.

Sin embargo, el también realizador de comedias más comerciales como «Socios por accidente» (1 y 2) y «Cantantes en guerra» (las tres protagonizadas por José María Listorti y Pedro Alfonso) advirtió que no hay que ver sólo cine hollywoodense: «Hay que mirar películas de terror europeas y de otras latitudes para ver cómo se mueve el mercado en otros lugares, aunque es una tarea difícil».

Rodada entre Buenos Aires y Misiones, el proyecto que alumbró «Cosa e’ mandinga» comenzó seis años atrás, a finales de 2014, como parte de una búsqueda inspirada en la curiosidad en libros sobre chamanismo: «Me pareció que era una materia súper interesante para recorrer en una película de género», señaló.

A principios de 2015, de la mano de Javier Díaz como productor, presentaron el proyecto al Incaa y en noviembre de 2019 comenzaron a rodar en Buenos Aires.

«Esto empezó en otra vida, sin virus, yo no era padre -resaltó- pero entiendo los tiempos del cine y cuando el Instituto trabaja ordenadamente, fuera de una pandemia o de gobiernos como el de Mauricio Macri, va un poquito más rápido. Los tiempos son laxos: desde presentás el proyecto y te lo aprueban pasa mucho tiempo y en este país donde el dinero se devalúa es un gran problema para las producciones».

Co-producido por Coruya cine y la misionera Montecine, el filme protagonizado por Germán de Silva, Lorena Vega, Moro Anghileri, Ezequiel Rodriguez, Maria Laura Cali cuenta la historia de Antonio Poyju, un poderoso chamán perteneciente a un linaje de sangre sagrada que vive en un hospital internado por su hija Helena, que perdió la fe de pequeña y desde entonces cuestionó las creencias y sabidurías de su padre.

«La experiencia y el ritual de ver en la pantalla fuera del coronavirus, no te la puede dar ningún plasma y es algo que la gente no va a perder: se va reformar, habrá cambios, nos adaptaremos a las nuevas plataformas porque nos dan la posibilidad de que las películas lleguen a más personas pero el cine no va a morir.»

Fabián Forte

Así que decide abandonarlo allí y tener una vida alejada de sus raíces trabajando en una multinacional. Hasta que Antonio recibe la visita de una médium que presagia que Helena será sacrificada por la misma sombra que de niña le quitó su fe y deberá lograr escaparse para poder salvarla.

Télam: ¿Por qué decidiste contar una historia cruzada por el chamanismo?
Fabián Forte: Primero vino el interés personal y luego, cuando empecé a descubrir ese mundo tan fascinante, me pareció que tenía mucha salida para trabajar en una película de género. Acá no estamos abordándolo de una manera social, tipo documental, sino más bien en el terreno de lo fantástico.

T: ¿Cómo fue la experiencia de rodar en medio de una pandemia?
FF: Grabamos de noviembre hasta mediados de diciembre. Con la productora optamos por detener la película y volver en marzo para grabar las escenas en Misiones, donde tenemos la co-producción. Ingenuamente creíamos que íbamos a volver y grabar. Nos pasó lo que les pasó a todas las producciones nacionales que estuvieron paradas todo el año y recién pudieron retomar a fin de año. A finales de 2020 hicimos en Misiones todas las escenas de flashback, del pasado de los personajes, y fue con todos los protocolos de por medio.

T: ¿Esos protocolos modificaron el guión que tenían previsto?
FF: El 90% del equipo fue de Misiones y solo viajamos algunos desde acá. Además hicimos un casting allá para encontrar al Antonio joven y otros personajes. Tuvimos que resolverlo así porque los protocolos se iban modificando y cada provincia tenía el propio, cada 15 días charlábamos y teníamos nuevas instancias protocolares que, además, acrecientan el monto del presupuesto. Pero en las escenas concretamente no tuvimos limitaciones ni tuvimos que cambiar nada.

T: ¿Qué expectativas te da el formato de estrenos vía streaming que se inauguró con la pandemia?
FF: El consumo se va modificando año tras año, con el streaming, las plataformas, venimos de un camino largo. Mi primera película de género fue en 2002 y la estrené en el BAR en 2003, que existe hace más de 20 años. En estas dos décadas me han dicho «no sabía que en Argentina había películas de terror o el cine de género no me gusta o no me gusta el cine argentino». Hay mucho prejuicio. Una de nuestras tareas fundamentales a la hora de crear películas, además de que sean comerciales y compitan con el mercado, es lograr productos buenos, eficientes y provoquen en la gente lo que van a buscar cuando van al cine a ver un película de terror. No es tarea fácil porque competimos con películas de calidad y presupuestos muy superiores.

T: ¿Cómo imaginás el futuro de las salas de cine después de la pandemia?
FF: Un cine cerrado me da mucha tristeza desde el momento en que se convirtieron en iglesias evangelistas. La experiencia y el ritual de ver en la pantalla fuera del coronavirus, no te la puede dar ningún plasma y es algo que la gente no va a perder: se va reformar, habrá cambios, nos adaptaremos a las nuevas plataformas porque nos dan la posibilidad de que las películas lleguen a más personas pero el cine no va a morir. Es como el teatro, experiencias que tenemos necesidad de compartir con otras personas. Son rituales que necesitamos y nos llevan a reflexionar y conectarnos entre nosotros. Y las películas de terror lo hacen desde el miedo.