Mié. Oct 5th, 2022
El artista argentino Guillermo SrodekHart represent a la Argentina en la Bienal de Venecia en 2013 Foto Pepe Mateos
El artista argentino Guillermo Srodek-Hart representó a la Argentina en la Bienal de Venecia en 2013 / Foto: Pepe Mateos.

«Instalaciones rurales», el proyecto fotográfico del artista argentino Guillermo Srodek-Hart, muestra imágenes en blanco y negro de arquitecturas abandonadas situadas en territorio rural de la provincia de Buenos Aires donde el pasado, la naturaleza y el deterioro se conjugan para crear narrativas enigmáticas y siniestras.

La muestra desplegada en Ungallery hasta el 16 de septiembre enseña «casas ubicadas en tierras que habían sido entregadas a inmigrantes hace 100 años y que con el tiempo y los cambios socioeconómicos fueron quedando abandonadas», cuenta a Télam Srodek-Hart, fotógrafo que representó a la Argentina en la Bienal de Venecia en 2013 con un proyecto sobre negocios y locales rurales que iban desapareciendo.

La exposición que llega ahora a la galería de Arroyo 932, en el barrio porteño de Retiro, emerge del trabajo conjunto entre la curadora Jen Zapata y Srodek-Hart. «En las fotografía hay una necesidad colaborativa, multidisciplinaria e inmersiva», dice el fotógrafo nacido en 1977 en Buenos Aires que hoy reside en esa ciudad, pero que de los 20 a los 30 vivió en Boston donde estudió Bellas Artes.

El proyecto, sin embargo, surgió mucho antes de la foto inicial que sacó Srodek-Hart cuando en 2017 aterrizó por primera vez en una estancia cercana a un pueblo llamado Aparicio.

«Desde chico me llaman la atención estas construcciones y, de hecho, había sacado algunas fotos pero nunca profundicé», recuerda sobre sus primeros acercamientos a las instalaciones abandonadas que había cerca de Tres Arroyos, donde vivió dos años con su padre. Con esta exposición, afirma, volvió «a un viejo amor».

En Instalaciones rurales hay algunas imgenes cuadradas y ms pequeas que fueron capturadas con una cmara antigua de placa Foto Pepe Mateos
En «Instalaciones rurales» hay algunas imágenes cuadradas y más pequeñas que fueron capturadas con una cámara antigua de placa / Foto: Pepe Mateos.

Srodek-Hart pasa mucho tiempo en los escenarios donde saca las fotos. «Siento que me tiene que entrar el lugar al cuerpo, camino dentro de la casa, escucho los sonidos, miro. Es un estado que te lo da el campo, porque cuando entrás en él te bajan las pulsaciones. Empezás a sentir que el ambiente tiene un efecto envolvente», cuenta sobre la aventura y desafío que implican adentrarse en estas arquitecturas desoladas.

Para llegar a estos lugares no hay mapas, solo indicaciones similares a: «Pegale al camino derecho hasta que se corta y donde se corta agarrá para la izquierda, cruzás el paso nivel abandonado y vas a ver un cartel que dice Estancia no se qué y ahí seguí…», relata el artista con cierta fascinación.

«Mi sentido de la orientación es pésimo y muchos de estos lugares no tienen Wifi, ni señal. La cuestión del terror y lo siniestro se da porque el ambiente es un poco así», observa sobre viejas construcciones de aspecto gótico levantadas en zonas rurales bonaerense.

«Siento que me tiene que entrar el lugar al cuerpo, camino dentro de la casa, escucho los sonidos, miro. Es un estado que te lo da el campo, porque cuando entrás en él te bajan las pulsaciones. Empezás a sentir que el ambiente tiene un efecto envolvente»Guillermo Srodek-Hart

El momento de ir a capturar las imágenes, dice, «se convierte en lo que podría ser el guion perfecto de una película de terror: el fotógrafo va solo a sacar fotos y, de repente, está sin conexión con el mundo, metiéndose en el lugar donde le decían ‘no hay problema, pero no sé sabe bien'».

Y entonces la toma «tiene algo siniestro de por sí -señala-, hay muchas anécdotas sobre espíritus que aparecen en la foto atrás tuyo», una creencia popular que encuentra similitudes en la realidad que tuvo que afrontar cuando visitó una de las estancias con sus sobrinas.

«Entramos por una ventana a la casa. Había una especie de tocador con un espejo. Nos sacamos una foto abrazados, yo en el medio y una a cada lado. Pero una de ellas no salió en la foto», cuenta Srodek-Hart.

«Al principio era un chiste, sacamos la foto y nos reímos pero cuando salimos, nos sentamos en la camioneta que me habían prestado para llegar ahí y no arrancaba el motor», recuerda el fotógrafo, todavía con algo de nerviosismo. «No arrancaba, no arrancaba, no arrancaba», relata como si reviviera la escena. «Empecé a tener una sensación de ‘loco, me quiero ir de acá’, porque uno siente que sale de hacer algo malo» , confiesa.

Durante los viajes a las estancias, se hizo amigo de los hijos de unos peones que lo acompañaron a capturar imágenes: «muchas veces se convertían en una suerte de asistentes y me ayudaban a cargar los equipos, tenían 12 y 14, venían con cuchillos, biblias y crucifijos», recuerda Srodek-Hart.

A lo mejor es por eso que cuando el fotógrafo ingresa a las casas y recorre sus salas y habitaciones siempre siente cierta intromisión: «Por más que te hayan dado todo el permiso del mundo estás en una casa ajena. En algunas entré por la puerta grande, saludé al dueño y hasta al encargado del campo, pero igual estás en otro mundo, adentro hay un montón de historias».

Todas las imágenes de la muestra fueron captadas en días nublados o cuando el sol se estaba yendo. «Estéticamente me gustan para los paisajes la luz plana, no me gustan las sombras ni claros muy fuertes porque le quitan información. Trato de documentar todo con lujo de detalles», precisa.

En «Instalaciones rurales» hay algunas imágenes cuadradas y más pequeñas que fueron capturadas con una cámara antigua de placa (un negativo gigante, de 10 por 13 centímetros) para la cual hay que usar capucha y también hay fotos más largas y rectangulares que, cuenta Srodek-Hart, «fueron sacadas con un dron usando la técnica del stitching (que permite percibir diferentes tomas como una continuidad), en ambos casos, el detalle que estaba buscando era lo más que podía obtener de las herramientas que tenía a disposición -explica-, entonces la luz era fundamental».

La otra razón por la cual tomó las fotografías en esos momentos del día fue «para lograr una atmósfera más enigmática, como si fuera un lugar donde nunca sale el sol. Me parecía interesante darle ese clima al proyecto, que recorras la sala y estés en una película», afirma.

Foto Pepe Mateos
Foto: Pepe Mateos.

El proyecto precursor de «Instalaciones rurales» es un libro llamado «Stories» (historias), que recopila fotografías de rubros que se fueron extinguiendo con el avance de la modernidad. «El libro me despertó el deseo de viajar, descubrir y tratar de guardar un archivo de negocios que veía que estaban desapareciendo. El paso del tiempo para mí es muy importante, como fotógrafo es algo que se lleva en el ADN», señala el artista.

Si bien en sus comienzos la fotografía era únicamente en blanco y negro, valores que en su esencia, para Srodek-Hart, «remiten al pasado», la decisión de editar las fotos en esa paleta no es un intento por evocar un tiempo antiguo, tiene que ver subrayar el presente, algo así como decir, «mirá qué loco cómo está todo esto abandonado, cómo está todo tomado con la naturaleza, cómo esto me habla de los movimientos del campo a la ciudad, historias de familias que terminaron mal».

«Estos proyectos son sueños -agrega-. Me imagino lo que habrá sido para las primeras generaciones construir la casa de sus sueños en esta tierra llena de promesas. Ahí pasó algo».

Una de las fotografías muestra una casona engullida por la naturaleza, «se la tragó el monte, le crecieron árboles en el techo», dice de los restos de la estancia Martín Fierro, una construcción de comienzos del siglo pasado del pueblo Micaela Cascallares.

En las fotografías de «Instalaciones rurales» la naturaleza cobra una fuerza determinante frente a las construcciones que se sostienen débilmente de la tierra. «La naturaleza en estas fotos es un aviso, ‘ojo con creer que no pasa nada, se dan por sentado muchas cosas y en el fondo está el ciclo de la vida, creemos que somos el centro del universo pero todos terminamos bajo tierra, la naturaleza invadiendo estas estructuras significa que algo más grande que nosotros nos está esperando».